Llevo poco tiempo por aquí, pero, seguramente, ya te hayas dado cuenta de que, siempre hablo en femenino.

¿Eso significa que los hombres no son bienvenidos a esta web y que no quiero trabajar con ellos, ni siento que pueda aportarles nada?

¡¡Por supuesto que no!! ¡Nada más lejos de la realidad!

Muchos de mis clientes son hombres. Muchos hombres asisten a mis cursos, talleres y conferencias, o acuden a mi consulta. Y me consta, además, que con buenos resultados.

Los hombres, por supuesto, sois muy bienvenidos a este espacio y estaré encantadísima, si eres hombre, de que comentes, aportes, compartas y cuentes lo que quieras aquí y, evidentemente, también deseo y espero que lo que escribo y comparto te ayude, inspire y enseñe a cambiar lo que necesites cambiar, a crecer y a mejorar como persona. Hay muchísimos temas que trato aquí que no tienen género y son universales. Te servirán, tanto si eres hombre, como si eres mujer, así que, si eres hombre, ¡siéntete muy bienvenido!

Entonces, ¿por qué lo hago? ¿Por qué me dirijo a las mujeres?

¿Quieres saberlo?

Pues por muchas razones. Voy a intentar explicártelo, para que puedas entenderlo:

  • En primer lugar, porque, evidentemente, yo soy una mujer y mi visión de la vida y mi interpretación del mundo es femenina. Siento que no puedo hablar de algo que no conozca, ni compartir algo que no sé, y, evidentemente, al sentir, pensar y actuar como una mujer, puedo saber qué sienten y piensan otras mujeres como yo, cómo actúan, qué les duele más y dónde, y gracias a ello, ponerme mejor en su piel. Por supuesto que, muchas de las cosas de las que hablo, no tienen género, y te pueden servir perfectamente, si eres hombre, pero, coincidirás conmigo en que, otras muchas, sobre todo, si se trata de conectar con lo que nos duele o nos hace sufrir, son, a menudo diferentes entre hombres y mujeres. Y yo he decidido poner el foco más en lo que de verdad conozco: la visión, el sentir y el interpretar como mujer. Aunque, tú, como hombre, puedas aportarme otros matices y puntos de vista que, indudablemente, podrán enriquecerme y ampliar mi conocimiento, porque no los conozco por propia experiencia y, por ese motivo, también serán muy bienvenidos.

 

  • En segundo lugar, porque a las mujeres se nos pide y se nos exige mucho más que a los hombres. No nos engañemos: la sociedad en la que nos ha tocado vivir es, tradicionalmente, machista. Una mujer tiene que trabajar más duro y demostrar más su valor, para llegar a conseguir lo mismo que un hombre. Se nos discrimina por el salario (en plena Unión Europea, los salarios de las mujeres son un 16% más bajos que los de los hombres) y se nos aparta de los puestos de dirección. Se nos relega a un segundo lugar, si se trata de acceder a la élite. Incluso hay diferencias abismales en muchos países del mundo, en la educación a la que pueden acceder niños y niñas. Por desgracia, aún sigue siendo una cruel maldición nacer niña en gran parte de nuestro planeta. En más de 120 países del mundo, las mujeres tienen menos derechos que los hombres, ¡e incluso en algunos, las mujeres tienen prohibido llevar pantalones o estudiar! Y, por supuesto, también podría hablar horas y horas sobre el maltrato femenino y la enorme crueldad y tiranía a la que están sometidas tantísimas mujeres hoy en día. Sigue habiendo esclavitud, en pleno siglo XXI, algo que me indigna y me remueve profundamente. Y, como yo siento simpatía por las causas difíciles, y me alineo siempre al lado del más débil y del que más lo necesita, he decidido aportar mi granito de arena para que, de una vez por todas, las mujeres podamos alzar nuestra voz para poder estar donde por ley nos corresponde y se pueda acabar para siempre con la discriminación a la que se nos somete, tanto de forma directa como encubierta. En esas estoy y, por supuesto, si eres hombre, también puedes aportar muchísimo para conseguirlo. ¡Tú también puedes ayudarnos en esta causa tan necesaria!

 

  • En tercer lugar porque, por desgracia, a las mujeres se nos sigue juzgando por nuestro aspecto y nuestro físico y ello nos causa un gran menoscabo en nuestra autoestima y un enorme sufrimiento. Demasiadas mujeres sufren en estos momentos porque no cumplen con los rígidos e injustos cánones de belleza establecidos y se consideran demasiado gordas, o demasiado delgadas, demasiado feas y poco agraciadas, o demasiado guapas, demasiado altas, o demasiado bajas, con demasiado pecho, o con demasiado poco… Demasiados condicionantes que nos impiden sentirnos valiosas y dignas de ser queridas. Se nos enseña que, o cabemos en una determinada talla y mostramos un determinado aspecto, o no valemos nada. ¡Y ni se nos ocurra cumplir años y envejecer! Yo también he estado ahí, y sé lo mucho que duele y lo muchísimo que se sufre por ese motivo. Y por ello, si estás en esta situación, quiero ayudarte a salir de ella y a que consigas valorarte y quererte como te mereces. Quiero enseñarte que, tu verdadero valor no está en algo exterior que, además, no has elegido y que, absolutamente nadie tiene derecho a valorarte y juzgarte por tu edad, por tu aspecto o por la talla que usas. Tú eres un ser maravilloso que vale muchísimo, tal y como eres, y yo quiero enseñarte a que tú también puedas verlo y sentirlo.  Y, cuidado, no estoy diciendo que los hombres no sufran también por ese motivo. Sin embargo, estarás de acuerdo conmigo en que a un hombre se le perdona muchísimo más su aspecto físico y no se suele asociar tanto su valor como persona a lo guapo o feo que pueda ser considerado por los demás, o a la edad que tenga. Aunque la baja autoestima por esos motivos puede afectar a ambos sexos, suele afectar más a las mujeres, porque hay más presión social para que cumplan con los estándares físicos imperantes en nuestra sociedad. ¡Y eso hay que cambiarlo!

 

  • En cuarto lugar porque a las mujeres, sobre todo a las que ya tenemos cierta edad, se nos ha enseñado a fuego desde pequeñas a cumplir lo que se espera de nosotras, a ser como toca, y a no defraudar las expectativas que se han depositado en nosotras, si queremos ser consideradas valiosas y dignas de ser queridas. Tenemos en nuestro cerebro el mensaje erróneo de que debemos de olvidarnos de nuestros propios deseos y necesidades para servir a los demás. Debemos ser buenas hijas y hermanas, buenas esposas y buenas madres, ocuparnos de la casa y de nuestros mayores, y hacer lo que se espera de nosotras, para que nos quieran. Nos han enseñado que pensar en nosotras mismas y atender nuestras necesidades es egoísta y que, si lo hacemos, además, nadie nos querrá. Se nos ha valorado más por lo que hacemos, que por lo que somos. Y eso está pasando factura a demasiadas mujeres y está generando demasiado sufrimiento. El objetivo no es conseguir que alguien te quiera, sino conseguir que te quieras tú misma y te sientas valiosa y digna de ser amada tal y como eres. ¡También eso quiero enseñártelo! Y, si eres un hombre, y sufres por tu baja autoestima, estoy segura de que también podré ayudarte.

 

  • En quinto lugar porque, la mal llamada liberación femenina, nos ha traído más estrés, cansancio, y falta de tiempo y nos ha obligado casi a renunciar a nuestra vida. Ahora, como trabajamos fuera de casa, tenemos doble trabajo. También algunos hombres, pero, por desgracia, todavía son los menos. Afortunadamente, ¡eso empieza a cambiar, por fin! Además de ocuparnos de nuestro propio trabajo (mucho más, si queremos crecer profesionalmente), tenemos que ocuparnos de la casa, los niños, la familia, nuestros padres, etc., y atender innumerables tareas que nos dejan exhaustas y agotadas y nos hacen sentir frustradas y enormemente infelices. Se espera de nosotras que renunciemos a todo para hacer lo que debemos y ello nos está generando mucho estrés y pasándonos una enorme factura emocional. ¡Incluso en algunas empresas se nos piden que renunciemos a ser madres, si queremos prosperar profesionalmente! ¿Dónde quedan nuestros deseos y nuestra libertad de elegir? A veces, parece que, hagamos lo que hagamos, estará mal, y ello nos hace sentir muy culpables. Tanto si renunciamos a prosperar en nuestro trabajo para criar a nuestros hijos, como si renunciamos a ser madres, para crecer profesionalmente, el peaje que debemos de pagar por ello es demasiado alto. ¡Es tan injusto! Ese es uno de los principales motivos por los que estoy aquí. Para enseñarte a ti, si eres mujer, que mereces hacer espacio en tu vida para ti, para tus necesidades, tus deseos y tus sueños. Que debes de cuidar de ti primero, porque, si tú no estás bien, no podrás hacerlo de nadie más. Que te mereces descansar y disfrutar. Que puedes y debes elegir lo que quieres hacer con tu vida, sea lo que sea. Y que ya es hora de que dejes de correr para poder atender todo lo que se supone que debes de hacer, y aprendas a parar, a tener tiempo para ti, y a cuidarte. Para eso estoy aquí. Y, si eres un hombre y estás en la misma situación, también. ¡Bienvenido!

 

  • Y, en sexto y último lugar, porque, evolutivamente, las mujeres estamos más acostumbradas que los hombres a mirarnos dentro, a conectar con nuestras emociones, a hablar de sentimientos y a expresar y compartir lo que sentimos, y ello nos lleva a tener más facilidad para trabajarnos por dentro. Y esta web, precisamente, va de eso: de conectar con nosotras mismas y con lo que de verdad sentimos, de afrontar nuestros miedos y de trabajar para cambiar lo que necesitemos cambiar. Por supuesto, también muchos hombres pueden y quieren hacer ese trabajo, pero, coincidirás conmigo en que son muchos menos, y, por ese motivo, he decidido dirigirme a la mayoría, sin que ello signifique que te excluya a ti, si eres hombre. ¡Aquí cabemos todos!

 

Podría seguir escribiendo mucho más sobre ello, pero, creo que ya ha quedado bastante claro, así que, de momento, lo voy a dejar aquí.

Por supuesto, no soy la única que opina como yo. Aquí puedes leer un extraordinario artículo de Deborah Marín que lo deja clarito como el agua y que seguro que remueve más de una conciencia.

 

Tanto si eres una mujer, como si eres un hombre, estaré encantada de responder a tus comentarios y tus impresiones sobre este tema.

¿Qué opinas tú?

¿Estás de acuerdo o en desacuerdo con los seis apartados que te comento?

¿Cómo lo ves?

¿Cuál es tu punto de vista al respecto?

Sea lo que sea lo que opines, tus comentarios serán muy bienvenidos. Los estoy esperando, así que, ¡muchísimas gracias por compartirlos!