¿Estás sufriendo en estos momentos? Entonces, no te pierdas este gran artículo de mi colega y amiga, la extraordinaria profesional y experta en Autoconocimiento y Conciencia, Cristina Hortal.

 

Hola, ¿Cómo estás?

Ahora que ya nos llega el otoño, y que todo invita a parar un poco y a recogernos más, te traigo un artículo de esos para saborear con calma y digerir muy despacito, de esos profundos y transformadores que nos hacen reflexionar tanto.

Lo ha escrito la experta en Autoconocimiento y Conciencia Cristina Hortal de cristinahortal.com y te aseguro que no te va a dejar indiferente.

¡Te dejo ya con ella! 🙂

 

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Hoy te voy a invitar a que te tomes unos minutillos para explorar esto con un enfoque poco convencional.

Una nueva comprensión puede abrirse paso en tu interior.

¿Estás dispuesta? Espero que sí y que me acompañes en las siguientes líneas con la mente (y el corazón) de par en par.

 

No sufres por lo que crees que sufres

 

No sufres por lo que te ocurre; sufres por lo que te cuentas al respecto de lo que te ocurre.

Esto puede resultarte sorprendente y obvio al mismo tiempo. Y puede que te moleste en cierto grado.

Me disculpo de antemano por ello. Mi intención es que seas un poquito más libre.

Que te liberes, aunque sea un pelín de la esclavitud del sufrimiento, tenga éste la forma que tenga en tu caso.

Aunque te parezca una utopía, avanzar en esta liberación, es cuestión de añadir más comprensión honesta y profunda a lo que vives y al modo en que lo vives.

No me refiero a una comprensión intelectual, sino a esa clase de comprensión difícil de explicar que, una vez la experimentas, no vuelves a ver las cosas del mismo modo. Aunque quieras.

Seguro que te resulta familiar esa sensación.

Así que volvamos a la idea inicial:

Lo que sientes al respecto de lo que te ocurre es fruto del modo en que lo percibes. No de la circunstancia externa en sí.

Y tú percepción te pertenece.

Así que aquí tienes otra frase molesta:

No hay nada externo a ti que pueda hacerte daño.

Sé que esto puede resultarte demasiado simplista, pero sigue leyendo, que me voy a explicar mejor :).

 

Cómo descubrí lo que hoy te cuento

 

Antes de seguir teorizando, te voy a contar algo sobre mí para que sirva de ejemplo del enfoque que te propongo con este artículo:

Yo empecé a padecer los síntomas de una enfermedad reumática considerada crónica hace como quince años. Iba perdiendo paulatinamente movilidad en algunas articulaciones y sufría dolores muy intensos.

Me veía cada vez más limitada en distintas áreas de mi vida.

Sin que entre en detalles, es más que probable que ya hayas catalogado esa experiencia como algo malo; como algo negativo. ¿No es cierto?

Parece obvio. No parece que pueda verse de otro modo.

No era distinto para mí.

Me sentía a menudo frustrada e impotente.

Resumiendo, mi enfermedad era algo que había que frenar, evitar… Algo contra lo que tenía que luchar.

Bien, acabé descubriendo que había otro modo de vivir lo que estaba viviendo. Y eso lo cambió todo. Pude liberarme.

Luego te cuento el desenlace.

 

Las creencias que no estás cuestionando, te esclavizan.

 

En mi caso, yo había aceptado de manera profunda e inconsciente, la idea convencional de la enfermedad (que es algo malo que hay que evitar).

Ni siquiera me la cuestionaba.

Sencillamente, no me parecía posible ver las cosas de otra manera.

Para mí, era una verdad inamovible.

¿Cuántas cosas en tu vida estás viendo así, como si no hubiera otro modo de verlo?

Tu percepción se sustenta en tus creencias. ¿Cuántas de ellas son verdades absolutas?

Estarás de acuerdo conmigo en que, distintas personas en una misma situación, pueden vivirla de forma completamente diferente.

Y ésto es así porque la percepción es subjetiva.

Entiéndeme. Sé que para ti ahora mismo lo natural es percibir el mundo como lo percibes. Y plantearte darle la vuelta a eso, puede que te maree.

Sencillamente te estoy invitando a que creas un poquito menos lo que ves, lo que crees. La historia que te cuentas a ti misma.

Que la revises a menudo. Tómatela menos en serio, ábrete a la posibilidad de ver las cosas de otra manera, si llega el caso.

Tú no eres tus creencias.

 

Te estoy invitando a ser práctica

 

Si observas mi caso, puedes ver cómo la manera en que juzgaba mi enfermedad como el enemigo y la odiaba, me causaba más sufrimiento que la enfermedad en sí.

Lo irónico del asunto, es que luchar contra ella no me servía para alejarla de mí en absoluto.

Más bien al contrario; me obsesionaba y esa actitud alimentaba mi miedo hacia ella. Cada vez me sentía más débil y asustada.

¿De qué manera estás haciendo tú esto con eso que te ocurre?

¿De qué manera luchas contra ello y te agotas para nada?

Casi te oigo pensar: «Ya, pero no puedo evitar luchar. No puedo aceptarlo sin más».

Permíteme que discrepe.

No te digo que te fuerces a ver las cosas de color de rosa, sino que reconozcas que puedes percibir otros «colores» en todo esto.

Si eres honesta contigo, te darás cuenta de que esta actitud no te está llevando a resolver tu problema.

Estás tirando tu energía al cubo de la basura.

¿Por qué no abrirse a adoptar otra postura entonces?

Seguramente te resistes a esto porque tienes la sensación de que dejar de luchar es «rendirse», «resignarse». Permanecer en esa situación eternamente.

En realidad no, ahora verás por qué.

 

La extensa y maravillosa gama de grises

 

Por lo general, estamos entrenados para ver las cosas blancas o negras. Buenas o malas.

Cuando nos ocurre algo o una información nueva llega a nosotros, automáticamente pasamos a catalogarlo. ¿Es bueno o es malo?

Solemos percibir desde nuestras creencias (de las que a menudo somos esclavos y ni siquiera son ciertas). Vemos el mundo a través del filtro de nuestros juicios.

Hacerlo es ciertamente cómodo, te permite funcionar en piloto automático.

«Sólo» tiene un problema: limita nuestra libertad de elegir conscientemente nuestra postura; nuestra reacción al respecto.

Este pensamiento dual nos lleva de un extremo a otro, sin apreciar los términos medios (dónde normalmente podemos encontrar el equilibrio) y nos afecta en todo.

Aplicado a lo que hablábamos un poquito más arriba, se traduce en que, para afrontar una circunstancia adversa, sólo contemplamos dos opciones: o bien luchamos o bien nos rendimos.

O atacamos o nos dejamos pisar.

Y no nos parece que existan más opciones intermedias. Y existen.

Ahora te hablo de ellas.

 

La aceptación sana no significa resignarse

 

Te propongo renunciar a verdades absolutas y empezar a elegir de manera más despierta tu actitud ante las cosas.

Y para esto has de estar atenta; presente. No dejar que tu programa mental antiguo decida por ti.

Cuando el dolor viene a visitarte, lo mejor que puedes hacer es abrazarlo.

De todas formas, ya está ahí, en tu vida. Y no lo puedes evitar.

El dolor en algunas ocasiones es inevitable. El sufrimiento es la lucha contra el mismo que lo perpetúa y lo alarga en el tiempo. Y éste sí es opcional.

Permítete sentir ese dolor y aprende de él. Obsérvalo sin juicios.

Normalmente lo que hacemos es huir de inmediato: urdimos un plan para combatir la situación, analizamos mentalmente los hechos, buscamos culpables…

Esto lo complica todo.

Quédate quieta por un tiempo. Siéntelo sin más. Reconoce que duele y exprésalo como quieras.

Ves soltando tus juicios al respecto de lo que ocurre (hacia los demás y hacia ti).

Esto es en verdad hacerle frente a tu dolor; demostrarte a ti misma que crees en tu fortaleza para afrontarlo.

No va a destruirte. Al contrario. Conectarás con tu verdadera fortaleza.

Sabes que para aprender a nadar es necesario lanzarte al agua y soportar un tiempo la sensación de ahogo. No hay otra forma. Finalmente aprendes a nadar.

Esto es igual.

Aprende a sentir tu dolor sin miedo, para trascenderlo. No tardará en disiparse porque habrás conectado con tu poder.

Es desde ese estado desde el que encontrarás la fuerza y la inspiración necesaria para encontrar soluciones concretas.

Y entonces, sí: ¡Actúa!

¿Me has entendido bien?

Estoy deshaciendo la dicotomía Luchar- Rendirse y abriéndole la puerta a una opción intermedia: Atravesar tu dolor para salir transformada.

Yo lo hice.

 

Mi transformación

 

Cuando yo fui capaz de ver mi enfermedad como una grandiosa oportunidad de redescubrirme a mí misma, nada volvió a ser igual.

No voy a entrar en detalles ahora. Puedes leer más sobre mi historia aquí.

El caso es que lo utilicé de impulso para tomar decisiones valientes que no hubiera tomado de otro modo, y me abrí a la vida como nunca antes había hecho.

Esto me trajo aprendizajes, descubrimientos y una nueva vida.

Es curioso, pero cuando dejé de resistirme a la enfermedad, la enfermedad perdió fuerza.

No sé si, médicamente, es correcto considerarme curada. Lo que sí sé es que no sufro dolores y hago una vida completamente normal.

Para mí, desde luego, no estoy enferma.

Por eso te hablo de esto. Sé el enorme potencial que esconde la aceptación sincera y bien entendida. Y me encantará si te quedas con un poquito de esto tras esta lectura :).

 

Mi invitación para ti

 

Centro mi trabajo en acompañar a otras personas a que elijan los cambios de su vida desde ese estado de poder al que conduce la aceptación profunda.

A que tomen sus decisiones importantes desde ese lugar interior.

Sé que el verdadero cambio es hacia dentro, y sé que tú también puedes hacerlo.

Así que te animo a pasarte por mi web para aprender más sobre tomar tus decisiones conectada a tu sabiduría.

Puedes empezar por descargarte mi ebook gratuito: Decidir con Coherencia.

Y, si te apetece comentarme cualquier cosa sobre lo que acabas de leer, estaré encantada de charlar contigo a través de los comentarios.

¡Un abrazo y hasta pronto!